Para avanzar hacia una operación más eficiente, la industria alimentaria puede adoptar diversas acciones prácticas:
- Optimización de procesos productivos. Actualización de maquinaria con equipos de alta eficiencia; recuperación de calor y aprovechamiento de subproductos; e implementación de sistemas de cogeneración.
- Uso de energías renovables. Instalación de paneles solares o aerogeneradores; aprovechamiento de residuos para generación de biogás; y sustitución progresiva de combustibles fósiles por fuentes limpias.
- Sistemas de gestión de energía. Monitoreo constante del consumo energético; identificación de áreas de mejora y reducción de pérdidas; e integración con fuentes renovables para reducir emisiones de CO₂.
- Herramientas tecnológicas. Esto incluye agricultura de precisión, fertirrigación, cultivos en invernadero y sistemas de refrigeración eficientes, como el que se emplea en la empresa de distribución de alimentos Productos Abadi.
- Auditorías energéticas periódicas. Detectan consumos excesivos o ineficientes, y permiten tomar decisiones con base en datos reales.
- Formación y cultura organizacional. Capacitar al personal sobre buenas prácticas energéticas e incentivar el uso responsable de la energía en todas las áreas operativas.
La eficiencia energética en la industria alimentaria no es solo un paso técnico, sino un compromiso con el planeta. Reducir el consumo de energía, adoptar fuentes limpias y optimizar los procesos puede marcar la diferencia para mitigar el cambio climático y garantizar la sostenibilidad del sistema alimentario.
Cada acción, por pequeña que parezca, contribuye a una cadena de producción más limpia, resiliente y responsable.